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Demonios cotidianos: Por qué la inconsciencia ajena es una amenaza para tu evolución

  • Foto del escritor: Silvia Mandri
    Silvia Mandri
  • hace 12 horas
  • 3 Min. de lectura

A veces usamos palabras fuertes no por esoterismo, sino por urgencia. Hoy quiero hablar de demonios. Y no, no es mística, es una forma cruda y pragmática de leer los vínculos que nos rodean.


Llamo "demonios" a todas esas personas con las que te topás día a día: en el trabajo, en una cita, en el grupo de amigos y, duele decirlo, a veces en la propia familia. Son personas que tienen una característica fundamental y peligrosa: no se toman el trabajo de observarse.


La narrativa del daño

Estos "demonios" viven atrapados en sus propias creencias limitantes. Distorsionan la realidad al punto de repetir, una y otra vez, patrones de conducta nocivos. No es maldad cinematográfica; es algo más profundo y cotidiano: es la falta total de conciencia sobre cómo su historia personal y familiar maneja sus hilos.


Si vos sos de los que se sentó en el diván, de los que se hizo preguntas incómodas y se tomó el trabajo de desarmar sus propios nudos, esto es para vos. Sé que te duele y te cuesta entender esas conductas dañinas. Pero la verdad es simple: al no tener conciencia de sus patrones repetitivos, hacen daño.


La trampa de la compasión

Imaginá esta escena: estás trabajando en tu terapia, intentando entender por qué no lográs vínculos sanos, por qué terminás en soledad o frustración. Y de pronto, conocés a uno de estos seres.


Tu primer impulso, como persona que ha evolucionado, puede ser la empatía. Querés ser comprensivo, compasivo... "pobrecito, tiene una historia difícil". Grave error.


A un ser inconsciente de sí mismo no le movés un pelo con tu bondad. No va a cambiar ni va a evolucionar porque vos seas "bueno". No hay choque, no hay confrontación que lo despierte porque el trabajo de evolución es subjetivo y personal. Es un trabajo que solo ellos pueden hacer, tal como lo hiciste vos. No te corresponde salvar a nadie.


Cómo detectar el "olor a azufre": Las señales de alerta

Para protegerte, tenés que aprender a identificarlos rápido. El "demonio" no siempre viene con cuernos; a veces viene con una sonrisa encantadora o con un aire de víctima indefensa. Aquí te dejo cómo huelen sus patrones en diferentes escenarios:

1. En el ámbito Laboral:

  • El "Culpador" Serial: Si algo sale mal, jamás es su responsabilidad. Siempre es culpa del sistema, del jefe, o de vos. Escuchá su narrativa: ¿es el héroe o la víctima de todas sus historias laborales? Si nunca hay autocrítica, hay inconsciencia.

  • El Saboteador Pasivo-Agresivo: Te dice que sí a todo, pero no cumple nada, o lo hace mal a propósito para generar caos. No es ineficiencia, es un patrón de control y agresión no asumido que viene de su historia.


2. En las Citas y el Amor:

  • El fantasma de la ex-pareja: Si en la primera cita ya te cuenta lo "loca" o "malo" que era su ex, tené cuidado. Una persona consciente asume su parte de responsabilidad en la ruptura. Si todo el mal estaba afuera, estás frente a un patrón de proyección que pronto te tocará a vos.

  • La Intimidad Condicional: Hoy te aman, mañana desaparecen sin explicación. Te culpan de su distancia ("es que me presionás"). Este vaivén es su forma de lidiar con un miedo al compromiso o al abandono que no han trabajado. No te dejes arrastrar por su montaña rusa emocional.


3. En la Amistad y la Familia:

  • El Drama Constante: Sus vidas son una telenovela interminable de crisis que ellos mismos provocan, pero por las que siempre buscan consuelo y rescate. Si intentás darles una solución racional, se enojan. No quieren solucionarlo, quieren la atención que les da el problema.


El imperativo de la huida

Hay que tratarlos como lo que son en esta metáfora: demonios.

  • Evitalos.

  • Protegete.

  • Sacalos de tu vida.

Es hora de desromantizar la idea de que los vínculos son para "ayudar" o que nacen de la "necesidad". Un vínculo sano debe ser racional, evolutivo y nutricio. Debe haber crecimiento mutuo.


Si el vínculo no te hace crecer, si te drena, si te devuelve a patrones que ya superaste, si su inconsciencia choca constantemente con tu conciencia: HUÍ.


 No estás abandonando a una persona, te estás salvando de un demonio. Tu evolución no es negociable.


¿Ven por qué los llamo demonios? Así es más fácil para nuestro psiquismo "entender" el alejamiento sin que se active algún patrón de "compasión-bondad".




Gracias

 
 
 

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