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La economía invisible: ¿Qué estás alimentando hoy?

  • Foto del escritor: Silvia Mandri
    Silvia Mandri
  • hace 7 minutos
  • 3 min de lectura

Vivimos muy atentos a la economía material: los precios, el dinero, lo que consumimos y lo que gastamos. Sin embargo, rara vez nos detenemos a observar nuestra economía energética.


Desde antiguas tradiciones místicas hasta corrientes modernas de la exopolítica, se habla de que nuestras emociones no son subproductos descartables, sino energía real y tangible. Las frecuencias bajas —como el miedo crónico, la culpa, la queja y el resentimiento— generan una energía densa. En ciertos entornos esotéricos, a esta energía del sufrimiento se la denomina Loosh, y se sostiene que funciona como un combustible o alimento para las estructuras más oscuras de este mundo.

Cuando encendés el televisor y te inundás de pánico, o cuando pasás horas enganchado en discusiones estériles en redes sociales, estás entregando tu riqueza más sagrada. La desigualdad y el caos exterior no son fallas del sistema; son el escenario perfecto para que produzcas esa energía de forma automática.


Para comprender la raíz de la desigualdad, las guerras y las crisis sistémicas que azotan a nuestro planeta, la geopolítica tradicional se queda corta. Necesitamos adoptar una mirada exopolítica y multidimensional. Desde esta perspectiva, la Tierra funciona como una intrincada "granja energética". El producto principal que se extrae de la humanidad no son los recursos materiales, sino el Loosh: un término acuñado por el investigador Robert Monroe que describe la energía vibratoria densa que generan los seres humanos al experimentar dolor, miedo, ira, culpa o trauma. El Cabal terrestre actúa simplemente como el cuerpo de "capataces" de esta granja, administrando el sufrimiento para alimentar a inteligencias regresivas no-humanas que habitan en la cuarta densidad negativa.


Sin embargo, esta aparente estructura omnipotente posee una vulnerabilidad matemática y biológica radical: es un sistema trófico entrópico. Al igual que cualquier parásito, el Cabal enfrenta limitaciones severas que están acelerando su colapso:


  • La paradoja del envase: Si el Cabal presiona demasiado a la población a través de catástrofes o guerras a escala global, corre el riesgo de destruir los vehículos físicos (nuestros cuerpos) necesarios para generar el recurso. El Loosh requiere que el ser humano esté vivo y experimentando la fricción de la supervivencia; la aniquilación total destruye su propia fábrica.

  • La Ley de la Entropía Oscura: Las bajas frecuencias carecen de una fuente de alimentación interna infinita. El Cabal y sus amos no están conectados a la Fuente Creadora Primordial; por ende, dependen enteramente de lo que nos roban. Son adictos energéticos en un estado de desnutrición crónica.

  • La saturación del trauma: El sistema nervioso humano tiene un límite de saturación. Cuando una sociedad experimenta un trauma sostenido, eventualmente se produce un fenómeno de "anestesia psicológica" o desapego, el cual disminuye drásticamente la calidad del Loosh extraído.


El quiebre del suministro: La gran debilidad del Cabal es que carece de poder propio. El Loosh no es un recurso infinito en el tiempo. Al ser una energía de baja frecuencia, se vuelve completamente obsoleta e indigerible en el momento en que el ser humano decide, mediante el uso de su libre albedrío, transmutar el dolor en sabiduría. Al cerrar el grifo de nuestra reacción emocional, el parásito entra en inanición.



La llave de la salida: Tu atención es tu moneda de cambio. La próxima vez que sientas que el entorno te empuja al miedo o a la indignación, detenete un segundo y preguntate: ¿A quién le estoy regalando mi energía en este momento? Recuperar la soberanía emocional y elegir conscientemente vibrar en paz o gratitud no es un acto de ingenuidad; es la mayor revolución silenciosa que podés hacer. Es, literalmente, cerrarle el grifo al sistema.


Gracias






 
 
 

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Más información y turnos: 1166470314
https://silviabemandri.wixsite.com/psic-espiritual

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