El Inconsciente Colectivo en la Era Digital: La Intervención Silenciosa de las Razas Involutivas
- Silvia Mandri

- 7 may
- 3 min de lectura
Hace unas semanas que le vengo dando vueltas a este tema de estar siempre conectados a las redes, y sentir que hacerlo nos hace sentir en pertenencia y nos informa. Realmente me olía mal esa cuestión. Y como somos creadores, manifesté un artículo maravilloso de David Topí (que les comparto) y que me abrió la posibilidad de esta reflexión.
En este artículo hay varios puntos que son importantísimos, nos invita a reflexionar sobre cómo las redes sociales, lejos de expandir nuestra conciencia, a menudo nos sumergen en un "estado en pausa". Pero, ¿qué significa estar en pausa cuando el scroll parece no terminar nunca?
Carl Jung nos enseñó que compartimos una estructura psíquica universal: el inconsciente colectivo. Hoy, podríamos decir que las redes sociales son una manifestación externa y materializada de este campo.
En lugar de acceder a los arquetipos para nuestra evolución, las redes nos ofrecen una versión superficial y "pixelada" del inconsciente colectivo.
Nos identificamos con sombras colectivas (el éxito ajeno, la estética perfecta) en lugar de integrar nuestra propia luz y sombra.
Al consumir contenido infinito, nuestra capacidad de presencia se suspende. Estamos "en pausa" porque no estamos procesando la vida, solo la estamos mirando a través de una pantalla.
Las redes logran un tiempo "muerto" o circular donde no hay crecimiento, solo repetición.
Podemos ver a las redes como un campo que nos captura. Si la conexión no nace de la intuición o del corazón, terminamos resonando con el ruido colectivo en lugar de con la sabiduría del alma. Estar en pausa es, en definitiva, dejar que el algoritmo decida nuestro "clima interno" en lugar de ser nosotros los arquitectos de nuestra vibración.
Este "estado en pausa" generado por el scroll infinito es en realidad un estado de trance hipnótico. Cuando estamos en ese vacío de voluntad, nuestra barrera psíquica baja. Es ahí donde el circuito se vuelve peligroso.
La Pausa se convierte en un Territorio de Caza.
Al estar "en pausa", no estamos creando nuestra realidad, estamos consumiendo la de otros. Este vacío es aprovechado por fuerzas o razas involutivas que operan desde frecuencias de baja vibración. Su objetivo es inyectar en nuestro inconsciente personal semillas de miedo, carencia, comparación y fragmentación.
Estas entidades se alimentan de la energía residual que generamos al estar atrapados en este bucle. Cada vez que sentimos ansiedad por lo que vemos, o nos sentimos "detenidos" en nuestra evolución, emitimos una frecuencia que sirve de sustento para estas conciencias que manipulan la realidad 3D.
Lo más sofisticado de esta intervención es que es imperceptible. No se siente como una imposición externa, sino como un impulso propio de "ver un video más".
Es como un bucle:
Estado de Pausa: Suspensión de la voluntad y la presencia.
Inyección: Programación de narrativas de impotencia (sentir que el mundo está mal, que no podemos cambiar nada).
Manifestación: Como somos creadores, empezamos a proyectar esa narrativa de pausa y caos en nuestra vida diaria.
Retroalimentación: La realidad externa se vuelve más densa, lo que nos empuja a refugiarnos nuevamente en las redes para "evadirnos", reiniciando el circuito.
Estas razas involutivas saben que el ser humano está en un proceso de salto cuántico. Al mantenernos en este "estado en pausa" crónico, logran que nuestro campo electromagnético se contraiga. Si estamos ocupados procesando narrativas de baja frecuencia inyectadas digitalmente, no tenemos la energía disponible para manifestar nuestra propia soberanía.
Para salir de este circuito cerrado, la clave es:
Identificar cuándo el "impulso" de entrar a las redes no es propio, sino una inducción.
Romper el estado de pausa con acciones físicas, como moverse, salir a caminar a una plaza, charlar con algún amigo, etc.
Y tal vez la más osada: desinstalarlas de nuestros celulares, y escuchar música para dejar volar nuestra imaginación. No nos olvidemos que somos creadores. Esa cárcel digital nos vuelve al estado de supervivencia que al fin y al cabo, nos anula.
Seamos revolucionarios.
Gracias




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